Cáncer de ovario avanzado: la experiencia canadiense

Jorge Sánchez-Lander

 

Lo que más he tenido en consideración a lo largo de todos estos años (y aún lo sigo haciendo) es el honesto reconocimiento de que si escribo es gracias a algún tipo de fuerza que me ha sido otorgada. Atrapé esa oportunidad por puro azar y la fortuna me convirtió en novelista. Aunque sea hablar desde la perspectiva de los resultados, algo o alguien me brindó esa facultad. Solo puedo agradecer con toda honestidad lo que me ha ocurrido hasta ahora.

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir, 2015.

 English version:  Advanced Ovarian Cancer: The Canadian Experience

Con la publicación del estudio de EORTC Neoadjuvant Chemotherapy or Primary Surgery in Stage IIIC or IV Ovarian Cancer en 20101 y del estudio  Primary chemotherapy versus primary surgery for newly diagnosed advanced ovarian cancer (CHORUS) 2 en 2015 se demostró que la supervivencia global, posterior a quimioterapia neoadyuvante por 3-4 ciclos con carboplatino y paclitaxel y cirugía de intervalo (QtNeo-CI), no es inferior a la obtenida tras cirugía citorreductora primaria óptima más quimioterapia adyuvante (CP-Qt). A pesar de la baja tasa de citorreducción primaria óptima reportada (41,6 %), especialmente en  el EORTC, en comparación con una tasa de 71% en la serie de Chi D y cols3, bajo los mismos criterios de inclusión del EORTC, la QtNeo-CI se ha ido posicionando paulatinamente en la comunidad de ginecólogos oncólogos de Norteamérica, como una alternativa en el manejo de las pacientes con cáncer epitelial de ovario avanzado. Hoy se sigue considerando que la CP-Qt  es el tratamiento de elección en este grupo de pacientes, y está especialmente dirigida a aquellas pacientes en las cuales sea factible lograr una citorredución completa (R0) o al menos con enfermedad residual menor de 1 cm. Las pautas de la Society of Gynecologic Oncology en conjunto con la American Society of Clinical Oncology, publicadas en 2016 4  han reiterado esta recomendación. No obstante, uno de los temas que sigue por delinearse es la necesidad de predecir, con un alto nivel de certeza, la probabilidad de lograr una citorredución completa u óptima mediante el uso de algoritmos basados en los hallazgos  imagenológicos o laparoscópicos antes del tratamiento, aspecto ampliamente tratado en un artículo anterior en este portal y publicado en abril del 20155.

En abril de 2018, se publica, en la International Journal of Gynecologic Cancer, el estudio de cohorte retrospectivo y multicéntrico canadiense Examining Survival Outcomes of 852 Women With Advanced Ovarian Cancer: A Multi-institutional Cohort Study6. Una serie que incluyó 852 pacientes con diagnóstico de cáncer de ovario seroso de alto grado estadios IIIC y IV. La muestra fue recolectada en cuatro centros de atención oncológica canadienses entre enero de 2007 y diciembre de 2013. Con un seguimiento promedio de 4,1 años, se trazaron como objetivo evaluar la supervivencia global. Con este fin se compararon 449 pacientes sometidas a CP-Qt, las cuales constituyeron el 53% de la muestra, con 403 pacientes (47% de la muestra) que recibieron QtNeo-CI. La tasa de complicaciones global para la serie se situó en 8% (72 pacientes), de las cuales el 39% de ellas habían sido sometidas a cirugías de alta complejidad que incluyeron resecciones intestinales, peritoneales o diafragmáticas extensas, resecciones hepáticas o esplenectomías.

En los resultados, la supervivencia global a los 5 y 7 años para la muestra completa, independientemente del volumen  de enfermedad residual, en  el grupo CP-Qt  fue de 42% y 30%, respectivamente. Mientras que para el grupo QtNeo-CI  fue de 22% y 0,75%, para los 5 a y 7 años, respectivamente. Dicha diferencia fue estadísticamente significativa.

Al analizar la muestra, en base a la cantidad de enfermedad residual, en el grupo de CP-Qt la supervivencia global  a los 5 y 7 años, en el grupo sin enfermedad residual (R0) fue de 68% y 55%, respectivamente. En el grupo, enfermedad residual entre 1 mm y 9 mm fue de 34% y 24%, respectivamente. Mientras que para el grupo con  enfermedad residual igual o mayor a 10 mm, la supervivencia global a los 5 y 7 años fue de 27% y 17%.

En el grupo sometido a QtNeo-CI, la supervivencia global a los 5  y 7 años en las pacientes sin enfermedad residual fue de 32% y 0%, respectivamente. En el grupo de pacientes con enfermedad residual entre 1 mm y 9 mm, fue de 15% y 0%, mientras que aquellas con enfermedad residual igual o mayor a 10 mm, fue de 0% para 5  y los 7 años.

En cuanto al tiempo de supervivencia global promedio, estratificado por modalidad terapéutica y enfermedad residual, se obtuvieron los siguientes datos:

Sin enfermedad residual Enfermedad entre 1mm y 9 mm Enfermedad igual o mayor de 10mm.
CP-Qt 73,5 meses 42,4 meses 33,6 meses
QtNeo-CI 38,2 meses 23,9 meses 21,1 meses

p<0,001

Al hacer la comparación de supervivencia global entre el grupo con CP-Qt  con enfermedad residual entre 1 mm y 9 mm (42,4 meses)  y el grupo de QtNeo-CI (38,2 meses), sin enfermedad residual, la diferencia estadística no fue significativa. ( p=0,17)

Un estudio con interesantes conclusiones y recomendaciones, cuyo principal aporte es el análisis de una significativa muestra de pacientes exclusivamente con diagnóstico de carcinoma seroso de alto grado o cáncer de ovario tipo II, algo inédito. Este estudio confirma una vez más que las pacientes en el grupo CP-Qt, con citorreducción completa (R0), tienen el mejor perfil pronóstico.

No obstante, es una serie con las limitaciones esperadas por su diseño como estudio de cohorte retrospectivo,  con algunos sesgos metodológicos que es necesario evaluar. No se especifica de manera clara los criterios utilizados para asignar a las pacientes a un grupo u otro. De hecho los autores declaran en la discusión que esto constituyó una limitante  en su desarrollo. Este sesgo metodológico fue superado, hace ya varios años, con la publicación del EORTC y del CHORUS. En estos estudios  las pacientes fueron asignadas, por primera vez, en cada modalidad de tratamiento de forma aleatoria y no basados en la posibilidad de citorreducción. Ambos estudios vinieron a romper con el diseño que predominaba para la época, en el cual las pacientes asignadas al grupo QtNeo-CI eran habitualmente pacientes con un perfil clínico más precario y/o  presentaban una enfermedad notablemente más diseminada al momento del diagnóstico, lo que constituía una evidente distorsión metodológica que no permitía la comparación equitativa entre ambas modalidades de tratamiento. La verdadera fortaleza del EORTC y del CHORUS, como evidencia robusta, subyace en una casuística de casi 1.200 pacientes, con un diseño prospectivo, aleatorizado y con la participación de más cien centros  en todo el mundo. La evidencia emanada de estos dos grandes estudios ha permitido delinear de mejor forma la estrategia terapéutica ideal en cáncer de ovario avanzado.

Actualmente la toma de decisiones debe tomar en cuenta que el tratamiento de elección en el cáncer de ovario avanzado es sin duda la cirugía primaria con quimioterapia adyuvante.  Sin embargo, una buena proporción de pacientes presentan un perfil clínico, criterios imagenológicos o laparoscópicos que apuntan hacia una alta probabilidad de no poder lograrse una citorreducción óptima. En estos casos surge la alternativa de la QtNeo-CI. Una de las recomendaciones que hacen los autores de la serie canadiense, es que toda paciente con cáncer de ovario avanzado debe ser referida y evaluada por un equipo de especialistas con experiencia en dicha patología y evitar indicar, sin antes evaluar las posibilidades de  citorreducción óptima, el uso de QtNeo-CI.

Definitivamente la etapa en que ambas modalidades de tratamiento se debatían el lugar como terapia estándar, hoy se puede considerar como un momento ya superado. La CP-Qt sigue siendo la conducta más recomendada, siempre y cuando las condiciones clínicas de la paciente lo permitan, una vez que han sido tamizadas por un algoritmo confiable para predecir la posibilidad de lograr un citorreducción óptima, o en el mejor de los casos una citorreducción completa. Insistir en verlas como modalidades contrapuestas, es en definitiva una percepción errónea.

*Cirujano oncólogo, especialista en cáncer ginecológico y mamario. Servicio de Ginecología Oncológica, Instituto de Oncología Dr. Luis Razetti y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela.

Referencias

  1. Vergote I, Trope CG, Amant F, Kristensen GB, Ehlen T, Johnson N, et al. Neoadjuvant chemotherapy or primary surgery in stage IIIC or IV ovarian cancer. New Engl J Med. 2010;363:943-953.
  2. Kehoe S, et al., Primary chemotherapy versus primary surgery for newly diagnosed advanced ovarian cancer (CHORUS): an open-label, randomised, controlled, non-inferiority trial. Lancet 2015;386 (9990: 249–257.
  3. Chi DS, Musa F, Dao F, et al. An analysis of patients with bulky advanced stage ovarian, tubal, and peritoneal carcinoma treated with primary debulking surgery (PDS) during an identical time period as the randomized EORTC-NCIC trial of PDS vs neoadjuvant chemotherapy (NACT). Gynecol Oncol 2012;124:10Y14.
  4. Wright AA, Bohlke K, Armstrong DK, et al. Neoadjuvant chemotherapy for newly diagnosed, advanced ovarian cancer: Society of Gynecologic Oncology and American Society of Clinical Oncology Clinical Practice Guideline. Gynecol Oncol 2016;143 (1):3-15.
  5. Sánchez-Lander J. ¿Es posible predecir la citorreducción óptima en cáncer de ovario avanzado? https://intervalolibre.wordpress.com/2015/04/05/es-posible-predecir-la-citorreduccion-optima-en-cancer-de-ovario-avanzado/
  6. May T, Altman A, McGee J, Lu L, Xu W, Lane K, Ghatage P, Rosen B. Examining Survival Outcomes of 852 Women With Advanced Ovarian Cancer: A Multi-institutional Cohort Study. Int J Gynecol Cancer 2018 Apr 4. doi: 10.1097/IGC.0000000000001244

 

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Cuando parecía que no había nada más que contar

Jorge Sánchez-Lander*

 

Cuando terminé el borrador final de las seiscientas páginas de  El Emperador de todos los males en mayo de 2010, jamás pensé que volvería a levantar una pluma para escribir otro libro. El cansancio físico de escribirlo fue fácil de entender y superar, pero el agotamiento de la imaginación fue inesperado.  Cuando el libro ganó el premio concedido por The Guardian, Al Mejor Primer Libro, un crítico afirmó que era mejor llamarlo Premio al Único Libro. Golpe certero para mis miedos. El Emperador me había robado todas las historias, confiscado mis pasaportes, y le había puesto un gravamen a mi futuro como escritor; no tenía nada más para contar.

Pero si había otra historia: la de la normalidad antes de que sea asaltada por la malignidad”.

 Siddharta Mukherjee, The Gene 2016.

English version:  When it seemed that there was nothing more to tell

 

Cuando en septiembre de 2016 recibí como obsequio de Rodolfo Moreno, amigo, excelente cirujano y, por más de veinticinco años compañero de equipo quirúrgico,  The Gene: An Intimate History, el más reciente libro de Siddhartha Mukherjee publicado dos meses antes, adentro había una breve dedicatoria que decía: Espero lo disfrutes tanto o más que The Emperor of All Maladies. Era,  sin duda, una apuesta muy alta. The Emperor, escrito por el mismo autor y ganador de un Premio Pulitzer,  había ocupado obsesivamente mi atención a finales de 2010 y es uno de los libros más influyentes que he leído en mi vida. Con The Gene, mi amigo ganaba su apuesta por poco margen pero de manera indiscutible. Encontré un libro con un estricto orden histórico y teñido con una cálida emocionalidad.  De sus líneas  emergen pasajes con estimulantes ejemplos de esfuerzo y perseverancia. Su enfoque, como el subtítulo lo describe, es un acercamiento muy íntimo a nuestra génesis y estructura como especie, es la crónica de un interesante ejercicio de autoconocimiento, que parte desde la esencia bien resguardada de nuestro maravilloso código genético para sumirnos en una  narrativa  fluida, serena y gratificante.

Para Mukherjee, con su impresionante elocuencia, resulta muy fácil hilar historias en dónde él pensaba que ya no las había. Su disciplina cronológica no se hace rígida, porque en su recuento el lado humano siempre está presente. Esta historia parte de la antigüedad para describirnos como Pitágoras  consideraba que el semen era moldeado en el útero de la madre, a manera de una semilla en tierra fértil, en la llamada Teoría del Preformacionismo.  En cambio para Aristóteles  la transmisión de los caracteres de los progenitores a los descendientes, era el  resultado de la mezcla de los “mensajes”  que yacían en el semen masculino y en el semen femenino. El resultado era una combinación o blend, paradigma que se mantuvo vigente, casi intacto,  hasta principios del siglo XIX.

En la nueva concepción que dio base al desarrollo de la genética como ciencia, los trabajos del tenaz  monje agustino Gregor Mendel, en lo que hoy es la República Checa, fueron el inicio de esta prolífica etapa. Su paciencia lo había llevado a estudiar la forma como se transmitían y se modificaban las características propias de una especie. Sus trabajos sobre la herencia en abejas, en ratones y los más emblemáticos, sobre  las numerosas líneas de guisantes, produjeron finalmente su manuscrito entre 1855 y 1856, el cual dormiría en el olvido hasta 1900. El interesante algoritmo planteado por Mendel permitía predecir las características hereditarias que se lograrían en  la descendencia, en base a las combinaciones establecidas en sus ensayos. Así mismo, la descripción de unas características dominantes y otras recesivas, fueron uno de sus principales aportes.

Durante este periodo, como lo plantea Sturtevant en Una Historia de la Genética, el desarrollo de la Teoria de la Evolución de Darwin y Wallace ocupó la tendencia dominante. La publicación del Orígen de Las Especies, en noviembre de 1854, afianzó  esta visión como el fundamento más sólido de la biología evolutiva. No obstante, para muchos investigadores posteriores a Darwin,  la explicación de cómo se generan los cambios a lo largo de la sucesivas generaciones,  no podía ser explicada exclusivamente por la selección natural.  Justamente Bateson y De Vries, dos de los descubridores del trabajo de Mendel, se enfocaron en estudiar el misterio de las variaciones fenotípicas. El evolucionismo, basado en la transmisión de nuevos mensajes o gémulos a la descendencia, era en cierta forma una versión mejorada y ampliada de la concepción pangenética de Aristóteles. Darwin, en sus observaciones sobre los pinzones de las Islas Galápagos,  entre 1831 y 1836, propuso que una especie es capaz de modificar su estructura anatómica, y transmitir estas características a su prole,  en base a las necesidades, por ejemplo de alimentación. De esta forma aquellos pájaros, dentro del mismo archipiélago,  que  habitaban un ambiente rico en semillas desarrollarían un pico más robusto. Por el contrario, aquellos que solían alimentarse de frutos y flores, el pico resultaría más delgado y largo. Esto dejaba claro también que aquellas especies incapaces de evolucionar terminarían desapareciendo. En esa búsqueda Francis Galton,  diseñaría su célebre experimento de transfusiones sanguíneas en conejos, para pasar gémulos de unos a otros con la esperanza de observar elementos adquiridos en las camadas de descendientes, obviamente sin ningún resultado.  Le siguieron los complejos experimentos de Haacke, con su idea de los “centrosomas” en ratones albinos y moteados, cuyos interesantes resultados, publicados en 1893, serían poco conocidos por varios años. La confirmación de los resultados de Mendel con nuevos ensayos por Carl Correns en 1901 y por De Vries en 1899, permitió, ya iniciado el siglo XX, la reformulación de las estrategias de búsqueda de la unidad estructural de intercambio de la herencia: el gen.

Con este entusiasta mendelianismo, liderado en los laboratorios británicos por William Bateson,  se produjo el despegue definitivo del estudio sistemático de la herencia. Desprendiéndose de esa aura misteriosa, esta nueva disciplina bautizada por Bateson como genética, se disponía a iniciar esa luminosa etapa preliminar. Con gran maestría Mukherjee nos pasea de manera hipnotizante por los experimentos  de Thomas Hunt Morgan con la mosca de la fruta en su célebre Cuarto Volador, en la Universidad de Columbia. La inolvidable y dócil Drosophila melanogaster, protagonista de los laboratorios de biología del bachillerato de nuestra generación, le permitió desentrañar cómo se  determina el género y las características de la herencia ligada al sexo.  Su importante aporte en el perfeccionamiento de la Teoría Cromosómica de Boveri y Sutton, ayudó a reconocer que el domicilio del gen estaba en una estructura filamentosa dentro del cromosoma.

La impresionante capacidad de cuentacuentos de Mukherjee se hace especialmente palpable al tocar los temas más vergonzosos de la genética.  El relato de la campaña de esterilización masiva de “deficientes mentales” en el estado de Virginia  a mediados de 1920 y los experimentos de Josef Mengele con la eutanasia masiva y los espantosos experimentos en gemelos judíos, a mediados de la década de 1940, es estremecedor. Nos describe como estos atroces hechos fueron amparados por las Leyes de Núremberg, un ignominioso estatuto antisemita y racista,  aprobado por unanimidad en 1935, por el Congreso del Partido Nazi que permitió  la ola de crueles desmanes contra las minorías étnicas y religiosas más execrable de la historia de la humanidad.

En abril de 1953 la publicación del manuscrito sobre  la estructura del ADN, gracias a los trabajos de James Watson, Francis Crick, Maurice Wilkins y Rosalind Franklin, pasa a convertirse en uno de los hitos más importantes de la ciencia. Era la pieza que faltaba para que la genética, se convirtiera de un montón de conocimientos logrados, en un principio,  por aproximación filosófica y ensayos, que viajaron desde el más primitivo sentido de la curiosidad a la creciente estructura científica de finales del siglo XIX, tras el redescubrimiento de Mendel. En pocos años se pudieron crear hormonas como la somatostatina y la insulina mediante la técnica de ADN recombinante, a finales de 1960. También permitió encontrar, a partir de 1976, la mediación genética y, para mediados de la década de 1990, el tratamiento de muchas enfermedades como el cáncer.  Con los ensayos en clonación, células madres y pruebas de detección de riesgo genético confiables, el camino está perfectamente trazado para un largo plazo.

Por último, con el desciframiento del Human Genome Project en 2000 y el The Cancer Genome Atlas iniciado en 2005,  se abre un nuevo periodo que Mukherjee ha denominado como la etapa Postgenómica, la genética del destino y el futuro. Este periodo tendrá como foco la aplicación de la inmensa cantidad de conocimiento en pos del bienestar de la humanidad. La legislación regulatoria, los esquemas de financiamiento de la investigación y la contención ética necesaria, deberá ir adecuándose a una velocidad similar a la de los nuevos avances. Así mismo, debe asegurarse que llegue, de forma oportuna y justa, a todos aquellos quienes los necesitan.  También es preciso  evitar que esta maravillosa saga de historias y conquistas biotecnológicas, brillantemente relatadas por Mukherjee, terminen desvirtuadas en un nuevo episodio de horror en busca de la verdad científica como en el nazismo o se convierta en un lejano privilegio solo alcanzable para unos pocos afortunados.

Caracas, 20 de agosto de 2017

*Cirujano oncólogo, especialista en ginecología oncológica y mastología. Instituto de Oncología Luis Razetti y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela

Referencias:

  • Mukherjee Siddharta. The Gene: An Intimate History. Scribner, New York, May 2016.
  • Sturtevant AH, A History of Genetics. Cold Spring Harbor Laboratory Press, Cold Spring Harbor, New York 1965.

La perfección: una meta esquiva

Jorge Sánchez-Lander*

Dedicado al profesor Jesús Felipe Parra (1931-2017), quien  pasó su vida transitando y allanando el camino a la perfección en cirugía, con la esperanza de que muchos se dispusieran a recorrerlo. Perseverante inquebrantable, incapaz de aceptar un resultado que podía ser mejor. En no hacer concesiones con los medios términos estuvieron sus principales aciertos y no pocas decepciones. Fino estratega clínico, de juego limpio y en el terreno de las diferencias, sin duda un formidable contrincante.

 English version: Perfection: An Elusive Goal

Lo perfecto es enemigo de lo bueno, una potente frase atribuida a Voltaire, fácil de recordar y muy arraigada en el pensamiento occidental. Es muy complejo, desde el punto de vista argumental, desmontar su aparente certidumbre, pero confieso que siempre le he tenido cierta reserva por la solapada invitación a claudicar y su pulsión castrante. Quizás nos costará recordar cuándo fue la primera vez que la escuchamos, pero seguramente nos vendrá rápidamente a la mente cuando la utilizamos, como excusa,  para detenernos en medio de una acción porque  ya el resultado era suficientemente bueno, abandonando todo intento de seguir. Reconocer cuando algo es bueno resulta tan difícil como percibir que hemos llegado al umbral de lo perfecto. Debe existir un elemento sensorial que es necesario desarrollar, tal y como se logra  el ritmo y la cadencia deseada  en la bicicleta sobre el asfalto o cuando un pintor abandona el pincel y decide que el lienzo está perfecto.

Observar a alguien en esa febril búsqueda de alcanzar la perfección es  un elemento altamente contagioso. Cuando  Armando Scanonne, célebre gastrónomo venezolano e ingeniero de profesión, decidió resucitar y dejar impresos los sabores de su infancia en su eterno libro Mi cocina a la manera de Caracas, lo hizo buscando la perfección. Reacio, como él mismo lo ha declarado, de atreverse a aventurarse en el fogón, se le ocurrió invitar a destacados cocineros a reconstruir los platos que emergían de la cocina de su casa materna en la parroquia Santa Teresa, como forma de preservar la herencia culinaria venezolana. Para eso, durante años, haría obsesivamente entre cinco y siete veces cada una de las decenas de recetas incluidas en su libro rojo. Alcanzar la perfección en la elaboración del emblemático  Asado Negro, de una plácida Crema de Apio o de un Carato de Guanábana, no es cosa fácil. Con su estructura mental de matemático, logró que cada receta tuviese de manera exacta el peso, los tiempos de cocción, en fin el método para poder alcanzar esa perfección. Esta agotadora actividad, descrita impecablemente en El Legado de Don Armando de Rosanna Di Turi1, ha permitido que hoy la cocina venezolana tenga un eje documental robusto. A partir de ahí la profusión de los magníficos chefs de cocina venezolanos y nuevas propuestas gastronómicas, se ha multiplicado de forma interesante. La escuela de alta cocina del Centro de Estudios Gastronómicos, dirigida por el profesor José Rafael Lovera, es un aula con un claro deseo de reproducir nuestros más deliciosos platos y sembrar esta tierra de brillantes cocineros. De la misma forma como la perfección es la bandera de los grandes chefs de clase mundial como Ferrán Adriá en Cataluña o Juan Mari Arzak en San Sebastían, esa bandera puede ser tomada por cualquiera que se  decida a transitar el serpenteante y pendiente camino a la perfección.

Pero el logro de un resultado insuperable requiere un viaje a las raíces del conocimiento en cada campo, que no acepta improvisaciones. Cuando el maestro Jordi Savall inició el proyecto Dinastía Borgia: Iglesia y poder en el Renacimiento, con el fin de rescatar y reproducir la música que acompañó a esta controversial familia desde el año 1238 con la Conquista de Valencia por el rey Jaime I hasta 1671, año de la muerte de Francisco de Borja,  protagonista de la Batalla de Lepanto, había que sumergirse en los  archivos de El Vaticano y de muchas bibliotecas,  para encontrarse con las partituras originales.  Había además que reproducir los ya casi extintos instrumentos de la época,  para así poder recrear el breve Requiem de Joaquín Des Prez o el sonido de la música que se escuchaba en la corte del emperador Carlos V. Tal y como se puede ver en el documental Jordi Savall y los Borgia 2, se entiende que el magnífco resultado obtenido por las agrupaciones musicales La Capella Reial de Catalunya y Hesperion XXI, no es obra del azar. En su inquebrantable deseo de obtener la acústica perfecta, propia del esa etapa histórica, Savall explica que fue necesario grabar, en horas de la madrugada, en la magnífica colegiata románica  del Castillo de Cardona, en la Cataluña oriental. Para unos podría ser un gesto de purismo radical, para otros, un conmovedor compromiso con la excelencia.

Estos esfuerzos, están cada vez  más al alcance de quien quiere conocerlos e inspirarse. Con solo entrar en You Tube, se puede vivir de cerca desde la preparación de una expedición al Nanga Parbat hasta la actividad académica de la escuela de laparoscopia del IRCAD en Estrasburgo. Aprender de la precisión suiza, con la cual el equipo del Solar Impulse, capitaneados por el psiquiatra y piloto Bertrand Picard, logró dar la vuelta a la Tierra en un avión propulsado por energia solar, es hoy más fácil que hace pocos años. Disfrutar de la perfecta ejecución de Rhapsody in Blue de George Gershwin, con Yuja Wang al piano, es poderosamente inspirador.  Una milennial con un perfecto cuerpo de gimnasta, que  se inclina bruscamente a saludar a la audiencia en un ademán cual si fuera una fina navaja sevillana. Como interprete  nos lleva a un vertiginoso recorrido y cuando pulsa la nota final, nos ha entregado un baño de energía pura. Es muy difícil concentrarse al verla. Decidir si seguir sus ágiles manos atacando las teclas desde la fortaleza de la  perfecta anatomía de su cintura escapular o por el contrario escuchar con los ojos cerrados, es verdaderamente complicado. Cuando Wang, con su desparpajo como marca personal y la sincopada danza en la banqueta se desliza sobre el teclado, al ver su cara, percibimos lo que siente alguien que sabe que alcanza la perfección, que no se queda a mitad de camino ni siquiera para complacer a Voltaire y a sus seguidores. En el mensaje inconfundible de sus gestos faciales, hay una mezcla de serenidad y placer, quizás las sensaciones más cercanas que todos hemos tenido, en algún momento,  al aproximarnos a la perfección sin miedo y sin reservas.

*Cirujano oncólogo, especialista en ginecología oncológica y mastología. Servicio de Ginecología Oncológica del Instituto de Oncología Luis Razetti  y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela.

Referencias