Tratamiento hormonal en la menopausia: de vuelta al ruedo

Paula Cortiñas Sardi*

 

“En cuanto a la ciencia, no se puede hacer otra cosa que crecer”

Galileo Galilei

English version Menopausal hormone therapy: back in the ring by Paula Cortiñas Sardi

La terapia hormonal menopáusica (THM), en su esencial casi bipolar,  ha sido santificada y demonizada a través de los años. Desde el año 1942, cuando se introducen en el mercado  los estrógenos equinos conjugados (EEC), se consideraba la THM como la fuente de la eterna juventud: todas las mujeres la usaban con la esperanza de mantenerse jóvenes por siempre. Después de la publicación de algunos estudios que cuestionaban la inocuidad de los estrógenos, especialmente al utilizarlos sin oposición con progestágenos,  y en el año 2002, con los resultados  del estudio Women’s Health Initiative (WHI), se consideró que la THM aumentaba el riesgo de enfermedades cardiovasculares y del cáncer de mama, como ya fue planteado en una artículo anterior en este portal1. Como sucede con el uso indiscriminado de cualquier terapia, después de la publicación del WHI, cuyas conclusiones, con muchos sesgos metodológicas, desvirtuaron los beneficios de esta terapia hormonal. A partir de ese momento, la THM pasó a ser considerada como perjudicial, inclusive carcinogénica, en el tratamiento de las mujeres durante menopausia.

Motivada a estos hallazgos, la prescripción de esta terapia sufrió una disminución tan drástica, que ni los médicos se atrevían a indicarla, ni las pacientes a utilizarla por miedo a efectos secundarios graves como el cáncer de mama, ACV, infartos, entre otros. Las mujeres durante la transición menopáusica fueron condenadas a sufrir toda la gama de síntomas asociados a esa condición y a no poder tener los beneficios a corto y largo plazo ofrecidos por la THM. Inclusive las mujeres jóvenes con insuficiencia ovárica prematura, que tienen una indicación formal para la terapia hormonal, eran renuentes a tratarse.

Buscando una reinterpretación de estos resultados, han sido varios los análisis que se han hecho del WHI desde 2002 a estos tiempos, así como el seguimiento de las pacientes incluidas en los ensayos, que poco a poco han ido reivindicando el papel de la THM. El último de estos análisis se publica en la revista JAMA en octubre de 2017, por Mason y colaboradores2.  Este reporte incluye un seguimiento por 18 años, el plazo más largo registrado en un estudio de este tipo, analizando la mortalidad general y de causa específica de las dos modalidades del estudio WHI, según la THM utilizada: 16.608 pacientes que recibieron EEC con acetato de medroxiprogesterona (EEC + AMP) y  10.739 pacientes histerectomizadas que recibieron EEC solos.

El seguimiento de las pacientes incluidas en ambos estudios se realizó hasta el 31 de diciembre de 2014. Se evaluó  la mortalidad por todas las causas, la mortalidad cardiovascular, dividida en mortalidad por enfermedad coronaria, accidente cerebro-vascular (ACV) y otras causas cardiovasculares. También fue evaluada la mortalidad por cáncer, subdividida en cáncer de mama, colo-rectal y otros tipos, así como mortalidad por las principales causas en la mujer como enfermedad de Alzheimer y otras demencias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, accidentes y otras. Igualmente se hizo un análisis por grupos etarios de 10 años.

Los estudios fueron evaluados durante el periodo de intervención, 5,6 años en el caso de EEC + AMP y de 7,2 años en EEC solos, con un periodo de postintervención, es decir una vez suspendida la THM,  y un periodo de seguimiento global de 18 años para ambos ensayos.

Los resultados fueron los siguientes:

  1. Mortalidad por todas las causas: no hubo diferencias durante los 18 años de seguimiento entre la terapia hormonal y el placebo, 27,1% vs 27,6% (HR: 0,99, IC 95% 0,94-1.03, P=0,6). Tampoco al comparar EEC + AMP y placebo, 26,4% vs 26%  (HR: 1,02, IC 95% 0,88-1.01, P=0,51), como EEC y placebo, 28,3% vs 30% (HR: 0,94, IC 95% 0,88-1.01, P=0,11). No hubo diferencias ni durante la fase de intervención (4% terapia hormonal vs 4% placebo),  ni en la postintervención, con un HR: 1,04 de las pacientes EEC + AMP y HR: 0,92 para EEC solos. Hubo una tendencia al alza del HR  estadísticamente no significativa en el análisis por edad: de 50 a 59 años HR: 0,69, de 60 a 69 años HR: 1,04 y de 70 a 79 años HR: 1,13 en la fase de intervención.
  2. Mortalidad cardiovascular: no hubo diferencias entre el grupo hormonal, solo o combinado, y el placebo (HR: 1) con respecto a mortalidad por ACV ni enfermedad coronaria. No hubo diferencia tampoco al comparar los diferentes tratamientos en la fase de intervención ni en la fase postintervención, ni en el análisis estratificado por edad.
  3. Mortalidad por cáncer: la tasa de mortalidad por cáncer durante todo el seguimiento fue similar entre el grupo de tratamiento hormonal y el grupo placebo (HR: 1,03) y entre los dos grupos de tratamiento (EEC + AMP HR:1,06 y EEC HR:0,99). Con respecto a la mortalidad por cáncer de mama el HR del grupo de EEC + AMP fue 1,44 (CI 95%, 0,97-2,15, P=0,07) y EEC solos 0,55. La mortalidad por cáncer colon y otros tipos de cáncer no obtuvo diferencia estadísticamente significativa. Durante la fase de intervención, no hubo diferencia con respecto a la mortalidad por cáncer de mama en los dos grupos de tratamiento (HR: 1,1 vs HR: 0,96), pero en la fase postintervención se apreció una diferencia discreta entre EEC + AMP y EEC solos (HR:1,08 vs HR: 0,45, respectivamente). En el análisis de grupo de edad, hubo una tendencia no significativa de aumento de HR, con un valor de 0,74 de 50 a 59, 1 de 60 a 69 años hasta 1,24 de 70 a 79 años. En este último grupo de edad, el HR para cáncer de colon se encontró elevado de forma estadísticamente significativa en el grupo de EEC solos (HR: 2,13, p=0,03).
  4. Mortalidad por otras causas: No hubo diferencias entre el grupo hormonal y el placebo, sin embargo, las muertes por Alzheimer y otras demencias fueron menores en el grupo hormonal (HR: 0,85, IC 95% 0,74-0,98 p=0,03). Durante la fase de intervención hubo menos muertes por otras causas en el grupo de EEC + AMP comparado con placebo (HR: 0,59). No hubo diferencias en el grupo EEC solos. Durante la fase postintervención se evidenciaron menos muertes por demencia, especialmente en el grupo de EEC solos (HR: 0,73). En el análisis por edad, no hubo diferencias significativas entre los grupos con respecto a los HRs descritos.

La conclusión más importante de esta nueva publicación del WHI es que la terapia de reemplazo hormonal, EEC + AMP o EEC sólos usados de 5 a 7 años, no se asocia a un aumento de la mortalidad por todas las causas, ni durante la fase de intervención ni posterior a la suspensión del tratamiento. Aunque este estudio solo evaluó un tipo de tratamiento hormonal, con una sola ruta de administración, las dos conclusiones más importantes serían que el uso de THM no aumenta el riesgo de muerte en las pacientes que no tengan ninguna contraindicación formal para su uso, y que la terapia hormonal no previene la muerte por ninguna causa específica. Con respecto al cáncer de mama, el aumento del riesgo durante el seguimiento a 18 años, no alcanzó una diferencia  estadística significativa y se limita a la fase de postintervención en el grupo de pacientes entre 70 y 79, en este mismo grupo en las pacientes con estrógenos solos se apreció un aumento significativo del riesgo de cáncer de colon. Es importante aclarar que a este grupo etario actualmente no  tienen indicación de terapia hormonal, debido a que han superado la ventana de oportunidad de tratamiento, que se considera hasta diez años después del inicio de la menopausia.

Este estudio trae nuevamente a la discusión cuales son las indicaciones precisas de la terapia hormonal en la menopausia. Su uso debe limitarse al tratamiento de los síntomas asociados con el hipoestrogenismo para procurar en la paciente una mejoría de su calidad de vida. No debe indicarse para la prevención de enfermedades cardiovasculares, como se pregonó en un principio, pero tampoco debe evitarse su uso porque no está relacionado con un aumento de la mortalidad, como proponen en sus últimas recomendaciones sociedades como la International Menopause Society (IMS)3 y la North American Menopause Society (NAMS)4. Tomando en cuenta las diferencias con respecto a otras THM y a las diferentes vías de administración, en general,  las conclusiones de este estudio permitirán a los médicos prescribir el tratamiento sin temor a aumentar el riesgo de muerte en la paciente que lo necesita.

Actualmente, las mujeres pueden pasar la mitad de su vida en menopausia y la THM puede facilitar esta transición, en conjunto con ajustes en el estilo de vida como una nutrición sana y la incorporación de rutinas de ejercicio. Es importante darnos a la tarea de reconocer públicamente las bondades y limitaciones de la terapia hormonal con la finalidad de usarlo como está indicado para mejorar la calidad de vida de las mujeres. Más allá de los mitos, la terapia hormonal vuelve a tener un lugar destacado en el tratamiento de los síntomas climatéricos sin el temor de efectos deletéreos en las mujeres.

*Especialista en Ginecología y Reproducción Humana. Coordinadora del Programa de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino de SaludChacao. Instituto de Oncología Luis Razetti y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela.

Bibliografía

  1. Centeno I. Pensamiento evolutivo de la terapia de reemplazo hormonal. https://intervalolibre.wordpress.com/2013/11/24/pensamiento-evolutivo-de-la-terapia-de-reemplazo-hormonal-en-menopausia/
  2. Mason JE et al. Menopausal hormonal therapy and long-term all-cause and cause-specific mortality. The Women’s Health Initiative Randomized Trials. JAMA 2017;318:1092
  3. Baber RJ et al. 2016 IMS recommendations on women´s midlife health and menopause hormone therapy. Climacteric 2016;19(2):109.
  4. NANS 2017. The 2017 Hormone therapy position statement of the North American Menopause Society. Menopause 2017,24:7

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Nueva terapia para el tratamiento de las oleadas de calor

Paula Cortiñas Sardi*

La vida se expande o contrae de acuerdo a su valor.

Anais Nïn (1903-1977)

English version: New therapy for the treatment of hot flushes

Durante la transición menopáusica y los años subsiguientes, debido al hipoestrogenismo secundario por la depleción ovocitaria, se presentan en la mayoría de las pacientes una serie de síntomas que muchas veces limitan las actividades cotidianas y que requieren ser tratadas. Probablemente el síntoma más molesto son las oleadas de calor que generan, junto con la sudoración y el enrojecimiento cutáneo, un estado disfórico difícil de controlar. La terapia de reemplazo hormonal con estrógenos, y progestágenos asociados si la paciente conserva su útero, es el tratamiento más efectivo para este síntoma.

Sin embargo, la terapia de reemplazo hormonal no puede ser usada en algunos casos. Las pacientes que han padecido cáncer de mama o endometrio, tienen una contraindicación formal para el uso de estrógenos, por ser neoplasias hormonosensibles. En estas mujeres ocurre un hecho adicional: la terapia endocrina adyuvante con tamoxifeno o con inhibidores de aromatasa, así como la insuficiencia ovárica prematura posterior a la quimioterapia, en una significativa proporción de las pacientes jóvenes con cáncer de mama, agravan los síntomas de deprivación estrogénica, haciendo difícil y necesario el manejo sintomático.

Las oleadas de calor que genera el hipoestrogenismo se producen por una activación intermitente, originada a nivel hipotalámico, de los efectores de disipación de calor, que incluyen vasodilatación, sudoración y aumento de la frecuencia cardiaca, para dar lugar a una disminución de la temperatura corporal. La falta de estrógenos provoca cambios en los niveles de algunos neurotransmisores que generan un estrechamiento de la zona de termorregulación, con activación de los mecanismos de disipación térmica como respuesta a estímulos mínimos.

Recientemente se ha descrito un subgrupo de neuronas a nivel del núcleo arcuato en el hipotálamo que coexpresan receptores para estrógenos, kisspeptina, neurokinina B (NKB) y dinorfina. Estas neuronas, llamadas neuronas KNDy, tendrían un papel fundamental en la generación de las oleadas de calor mediadas por disminución de los estrógenos circulantes. Se ha observado que en las mujeres  menopáusicas, se produce una hipertrofia de estas neuronas y un aumento de la expresión de NKB y kisspeptina, que se mantienen suprimidas por la acción del estrógeno a nivel hipotalámico durante la etapa reproductiva de la mujer. Estas neuronas, se proyectan a las regiones preópticas que controlan los efectores de disipación térmica. Específicamente se ha implicado a NKB y su receptor (NK3R) en las oleadas de calor en la menopausia, pues se ha observado que la infusión de NKB en pacientes en edad reproductiva induce  este fenómeno con las mismas características que las que se producen en pacientes menopáusicas.

La medida más efectiva para las oleadas de calor es la estrógenoterapia, que ha sido sustituida, en pacientes con contraindicación para su uso, con otras terapias como inhibidores de la recaptación de serotonina, clonidina, fitoestrógenos, cimicifuga racemosa, entre otros. Estos tratamientos buscan estabilizar los neurotransmisores a nivel hipotalámico para ampliar la zona de termorregulación. La eficacia de estos tratamientos no es igual que la terapia hormonal, además de presentar en algunos casos efectos secundarios molestos, por esta razón, persiste la búsqueda del fármaco ideal que alivie los síntomas en la misma medida que los estrógenos, para poder ser usado en este subgrupo de pacientes.

Julia Prague y colaboradores, en mayo de 2017 publican en la revista The Lancet,  un estudio clínico fase 2, con una muestra distribuida de forma aleatoria, doble-ciego y controlado con placebo, que evalúa el uso de un antagonista del receptor de neurokinina (NK3R), el MLE4901, para el control de las oleadas de calor en pacientes menopáusicas. Se realizó un estudio cruzado con 40 mgr de MLE4901, dos veces al día en el grupo 1 por 4 semanas comparado con placebo en el grupo 2, seguido de un periodo de aclaramiento de 2 semanas y luego 4 semanas el grupo 1 con placebo y el grupo 2 con MLE4901. Se evaluaron 45 pacientes menopáusicas con oleadas de calor severas. El objetivo fue evaluar el número total de oleadas de calor durante las 4 semanas de tratamiento con MLE4901 o placebo. También se evaluó la severidad, la molestia o interferencia de la oleada de calor, los niveles de gonadotropinas, pulsatilidad de la hormona luteinizante y el número de oleadas de calor detectado por un monitor de conductancia de piel.

Los resultados fueron alentadores, el uso de MLE4901 redujo de forma significativa el número de oleadas de calor semanales comparado con placebo: 49,01 episodios con placebo (95% IC: 40,81-58,56) y 19,35 episodios con MLE4901 (15,99-23,42), p<0,0001, con una reducción del 45% en el número de oleadas de calor. También el tratamiento redujo la severidad, la molestia asociada y la interferencia en las actividades diarias de la sintomatología vasomotora. Para realizar una medida objetiva del efecto del tratamiento, se realizó una medición de la conductancia de la piel con un monitor de Bahr, la cual también mostró una disminución con el uso del antagonista de NK3R. El cumplimiento del tratamiento fue adecuado, a pesar de la dosificación dos veces al día, y no se reportaron eventos adversos serios asociados. Un pequeño grupo de participantes tuvo una elevación transitoria de las transaminasas, aparentemente sin significación clínica.

A pesar de que se necesitan estudios con un número mayor de pacientes y un periodo de observación más prolongado, los cuales están en curso, pareciera que este nuevo fármaco es una alternativa más para las pacientes que no puedan, o no desean, utilizar terapia de reemplazo hormonal para el tratamiento de las oleadas de calor. Además de aumentar el número de pacientes y el tiempo de observación del tratamiento, es preciso evaluar si los efectos de atenuación de las oleadas de calor se mantienen en el tiempo, pues en algunos tratamientos no hormonales, se ha descrito una disminución del efecto con el tiempo, es decir, se produce un efecto rebote por tolerancia al fármaco.  Igualmente, se requiere evaluar este tratamiento en pacientes con cáncer de mama y terapia endocrina adyuvante, especialmente, la eventual interacción medicamentosa y la mejoría de los síntomas en el tratamiento con tamoxifeno o inhibidores de la aromatasa, sumado al hipoestrogenismo derivado de la insuficiencia ovárica prematura, que son importantes inductores de la inestabilidad termorreguladora. También, es importante aclarar si la elevación transitoria de las transaminasas es un efecto secundario que limite su indicación, especialmente con el uso  prolongado de MLE4901.

Es necesario esperar los resultados de los estudios en marcha con este nuevo fármaco, no obstante, se perfila como una muy interesante y novedosa opción para el tratamiento de los síntomas vasomotores de la deprivación estrogénica en pacientes con contraindicación hormonal. En muchas de las pacientes tratadas por cáncer de mama, en tratamiento endocrino adyuvante, es fundamental la adherencia al tratamiento durante diez años, por lo que el manejo de las oleadas de calor ayudará a garantizar el cumplimiento del mismo. Este nuevo fármaco podría consolidarse como una alternativa no hormonal eficaz, capaz de brindar una adecuada calidad de vida en las pacientes menopáusicas.

*Especialista en Ginecología. MSc en Reproducción Humana. Coordinadora del Programa de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino Salud Chacao. Instituto de Oncología Luis Razetti y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela.

Referencias

  1. Rance NE et al. Modulation of body temperature and LH secretion by hypothalamic KNDY (kisspeptin, neurokinin B and Dynorphin) neurons: a novel hypothesis on the mechanism of hot flushes. Front Neuroendocrinol 2013:34(3): , doi:10.1016?yfrne.2013.07.003
  2. Prague JK et al. Neurokinin 3 receptor antagonism as a novel treatment for menopausal hot flushes: a phase 2, randomised, double-blind, placebo-controlled trial. Lancet 2017;389:1809

Riesgo de cáncer de ovario y terapia de reemplazo hormonal: nueva evidencia

Punto de vistaPaula Cortiñas Sardi*

 

¿Debemos contentarnos con estas dos relaciones de contigüidad y sucesión como aportándonos una idea completa de la causalidad? De ningún modo. Un objeto puede ser contiguo y anterior a otro sin ser considerado como su causa.

David Hume. De la naturaleza humana.

English version:  Hormonal replacement therapy and ovarian cancer risk: new data

Hasta hace poco tiempo, no había suficiente evidencia científica que estableciera una clara relación entre el uso de terapia de reemplazo hormonal (TRH) y el cáncer de ovario. El desarrollo de una neoplasia es un proceso multifactorial y la relación de causalidad es difícil de establecer por los diferentes sesgos y la dificultad para aislar y controlar todas las variables que intervienen en el desarrollo de una enfermedad tan compleja como el cáncer. Desde hace algún tiempo se presumía una relación causal, pero no era lo suficientemente sólida para ser aceptada.

En Febrero de 2015, se publica en The Lancet, un metaanálisis de 52 estudios epidemiológicos (17 prospectivos y 35 retrospectivos) relacionando el uso de TRH y el desarrollo de cáncer de ovario1. The Collaborative Group on Epidemiological Studies of Ovarian Cancer, desde 1998, evalúa la asociación entre el uso de diferentes formulaciones hormonales, con varios tiempos de uso actual o pasado, con el mínimo de sesgos, y el desarrollo de cáncer de ovario.

En este estudio se obtuvo información de 21.488 mujeres post-menopáusicas con cáncer de ovario. Los resultados fueron estratificados por tipo de estudio, edad e índice de masa corporal, y ajustados por paridad, uso de anticonceptivos hormonales, edad de menopausia e historia de histerectomía. Según el análisis realizado en este elegante estudio, el riesgo de desarrollar cáncer de ovario fue significativamente mayor en las mujeres que utilizaron TRH en comparación con las que nunca la utilizaron, con un RR: 1,20 (p < 0,0001) en los estudios prospectivos y una RR: 1,14 (p< 0,0001) en todos los estudios combinados. El riesgo se relacionó de forma convincente con el uso de TRH, siendo máximo en las pacientes actualmente usuarias de TRH con una RR: 1,41 y resultando mayor aún en las usuarias actuales con menos de 5 años de uso con una RR 1,43. El riesgo registrado disminuyó con el tiempo de suspensión del uso, pero se mantuvo presente al menos hasta 5 años después de suspendida la terapia.

El riesgo fue similar tanto para los diferentes fármacos con estrógeno y progestágeno combinados, como para los estrógenos solos. La mayoría de los tumores diagnosticados fueron epiteliales (98%). En las usuarias de TRH hubo un menor riesgo para desarrollar tumores de células claras, dentro de lo subtipos de epiteliales, con una diferencia sin significación estadística (p: 0,04). No se apreció ningún efecto de la edad de inicio de la TRH sobre el riesgo de cáncer de ovario. Basado en los resultados anteriores, los autores concluyen que el uso de TRH al menos por 5 años, comenzando a los 50 años, da lugar a un caso adicional de cáncer de ovario por cada 1.000 usuarias y una muerte adicional por cáncer de ovario por cada 1.700 usuarias. Entonces, según los datos obtenidos en este estudio: ¿existe una relación causal entre el uso de TRH y el desarrollo de cáncer de ovario?

Es necesario, para analizar estos resultados, ponerlos en contexto. Según Globocan, para 20122 la incidencia de cáncer de ovario a nivel mundial fue de 6 x 100.000 mujeres, con una mortalidad de 3,7 x 100.000 mujeres; el cáncer colorrectal presenta una incidencia de 14 x 100.000 mujeres, con una mortalidad de 6,9 x 100.000 y el cáncer de endometrio una incidencia de 14,3 x 100.000 con 1,8 x 100.000 de mortalidad.   En el estudio WHI3, por citar uno de los estudios más conocidos sobre TRH, se encontró una disminución de la incidencia de 37% de cáncer colorrectal y 17% de cáncer endometrial en las pacientes usuarias de TRH. Las fracturas de cadera en América y Europa, oscilan entre 900 y 100 x 100.000, dependiendo de la latitud y ciertas características de las población4. En el mismo estudio WHI se encontró una disminución del 35% de la incidencia de fracturas de cadera en las pacientes que recibieron TRH. Si, según el estudio recientemente publicado en The Lancet, el uso de TRH da lugar a un caso adicional de cáncer de ovario por cada 1000 usuarias, entonces, bajo ese mismo enfoque, habría 2 casos menos de cáncer colorrectal, 1 caso menos de cáncer endometrial y cerca de 100 casos menos de fracturas de cadera, es decir, que la TRH a pesar de que aumentaría los casos de cáncer de ovario, disminuye en un número mayor los casos de cáncer colorrectal, de endometrio y las fracturas de cadera, que son enfermedades más frecuentes. Por otro lado, desde el punto de vista epidemiológico, se considera que una asociación causal es débil cuando el riesgo relativo (RR) oscila entre 1,2 y 1,5 y de moderada a fuerte por encima de 1,55. En consecuencia, se puede concluir que la relación entre uso de TRH y desarrollo de cáncer de ovario es estadísticamente débil. No por esto el riesgo debe ser desestimado.

Lejos de demonizar la TRH, se hace necesario un análisis cauteloso de los resultados de este metaanálisis para poder prescribirla de forma responsable. Las asociaciones de causalidad deben tener ciertas características como asociación temporal, especificidad, consistencia, posibilidad biológica, relación dosis-respuesta y reversibilidad entre la exposición al agente y el desarrollo de la enfermedad5. Como se ha mencionado, el cáncer es una enfermedad multifactorial y evitar el uso de TRH no va a prevenir el desarrollo de cáncer de ovario o de mama porque el grado de causalidad no cumple los requisitos para ser considerada como tal. Es importante, en base a estos nuevos hallazgos, discriminar qué paciente realmente se beneficia de la TRH y no está en riesgo para desarrollar cáncer de ovario y, sopesando la relación riesgo/beneficio prescribir la terapia que más le convenga. También es importante destacar que no deben ser extrapolados estos resultados para el uso de la TRH en mujeres jóvenes debido a falla ovárica, condición en la cual, se pone en riesgo a la paciente si no se utiliza, salvo contraindicación formal al uso de hormonas.

El concepto de TRH como medida preventiva definitivamente debe ser reevaluado. La TRH es una terapia para el alivio de la sintomatología que se presenta durante el climaterio inmediato en pacientes sin riesgo de comorbilidades que empeoren con dicha terapia y/o de desarrollar enfermedades que su riesgo se vea aumentado por el uso de la misma. No debe ser vista como una terapia preventiva de otras patologías, pero tampoco como un carcinogénico. Debe haber un cambio en la percepción en el uso de la TRH, superando la visión de tratamiento rejuvenecedor o fuente de la eterna juventud a una terapia de control de síntomas, con indicaciones precisas dirigidas a mejorar la calidad de vida en las pacientes, que así lo requieran, con el menor riesgo .

 *Ginecólogo. Instituto de Oncología Luis Razetti, Salud Chacao y Clínica Santa Sofía. Caracas, Venezuela.

  1. Collaborative Group on Epidemiological Studies of Ovarian Cancer. Menopausal hormone use and ovarian cancer risk: individual participant meta-analysis of 52 epidemiological studies. Lancet 2015 http://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(14)61687-1.pdf
  2. www.globocan.iarc.fr
  3. Writing Group for the Women´s Health Initiative Investigators. Risks and benefits of estrogen plus progestin in healthy postmenopausal women. JAMA 2002;288(3):321
  4. Dhanwal DK et al. Epidemiology of hip fracture: worldwide geographic variation. Indian J Orthoped 2011;45:15
  5. Craun GF. How to interpret epidemiological associations. http://www.who.int/water_sanitation_health/dwq/nutrientschap9.pdf