La Medicina: la ciencia que alguna vez fue arte

Jorge Sánchez-Lander* 

leyes-de-la-medicinaLo bueno, si breve dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo.

Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, 1647.

 English version: Medicine: science that once was art

La Medicina es un arte que paulatinamente se convirtió en una ciencia. Su principal fuerza impulsora es, y ojalá lo siga siendo,  la compasión. Es en la compasión dónde surge la necesidad de entender el padecimiento humano y sus raíces con el fin de aliviarlo. Desde el primer momento que alguien se acercó para ayudar a un semejante que sufría, nació la Medicina. La intención que movía a un monje cisterciense en la enfermería de la abadía o en cualquiera de las maravillosas escuelas antíguas de medicina musulmana, judía o persa era el profundo respeto por el prójimo. Los conocimientos de biología, botánica, física o anatomía fueron construyendo las bases de un arte complejo y universal. El método de un sangrador y cirujano en la atención de la hidropesía o de un médico romano al reducir la luxación del hombro de un gladiador, fue tomando cuerpo para convertirse en la medicina moderna que hoy conocemos. La difusión de la técnica y del método de los más avanzados maestros permitió que pasara a ser, como la denominó Lewis Thomas, la ciencia más joven.

La Medicina, como toda ciencia debe contar con leyes que permitan comprender los mecanismos que subyacen en el cuerpo y la mente humana. La apasionante fisiología respiratoria que nos explica como el oxígeno es intercambiado, transportado y difundido hasta el más apartado lugar de nuestra anatomía, se rige por leyes. La difusión de los gases, el concepto de espacio muerto y la intrincada estructura de una membrana basal alveolar se comportan según leyes conocidas y otras que aún esperan por ser formuladas. La biomecánica de un tobillo, la precisa contracción del iris o el increíble  proceso  que ocurre en la cavidad gástrica dónde los movimiento peristálticos y antiperistálticos permiten que los alimentos se combinen con una exacta cantidad de ácido y bicarbonato, tienen necesariamente que basarse en una eficiente y constante ley natural.  Gracias a estas leyes se puede predecir la fracción de oxígeno del aire inspirado que debe  utilizarse para elevar a un punto determinado su presencia en sangre o la dosis y ciclicidad con la cual usar  un antineoplásico para eliminar una fracción dada de células tumorales. Esa predicción ocurre en ocasiones con increíble exactitud y la mayoría de las veces con pasmosa aproximación. Las leyes más que elementos inertes y dogmáticos, pasan a ser modelos eficaces para interpretar la naturaleza.

Muchos  han intentado lograr que esa precisión de la biofísica y bioquímica se pueda aplicar al arte de diagnosticar. La figura de un intuitivo clínico, conocedor de la semiología, la fisiología,  la anatomía y muchas otras materias, que llega a un diagnóstico de forma increíble ha cautivado a los médicos por siglos. Les seduce la mítica figura de Osler, Charcot, Kocher o de personajes de ficción como Ben Casey, el trampero John, Mark Greene o Dr. House.  Como bien afirman los clínicos veteranos: el tratamiento es sencillamente aplicar de forma estricta una receta, como quien desea cocinar un buen plato. El verdadero desafío de la medicina es lograr un diagnóstico exacto y sobretodo oportuno.

 Es lo que intenta Siddhartha Mukjerhee en su breve, entretenido y muy elocuente libro The Laws of Medicine: Field Notes from an Uncertain Science1, publicado por TED Books a finales de 2015. Mukherjee, egresado de Stanford, Oxford y Harvard, profesor de medicina y  oncólogo clínico de la Columbia University Medical Center, logra centrar nuestra atención con un refrescante recorrido por hechos históricos cruciales y anécdotas de su ejercicio profesional. En sus páginas, se aventura a formular tres leyes, más como un interesante ejercicio discursivo que por una arrogante pretensión. Toca de forma inteligente temas como la hipervaloración de la evidencia estadística, como uno de los grandes sesgos perceptivos del clínico actual. Describe como una ciencia que cada vez está más ligada a las cifras y a elementos probabilísticos, no debe alejarse de ese rasgo perceptivo silvestre y omnipresente, como lo es la intuición. En su inteligente exposición logra dibujar una estimulante propuesta, considerando la evidencia de una manera amplia y flexible, para que la influencia de los resultados de un experimento tenga el contrapeso del cuestionamiento, sin perder de vista la invariable presencia del sesgo humano.

Un libro que puede leerse en muy pocas horas y que muchos podrán encontrar un disfrute adicional al releerlo detenidamente. Con este nuevo título,  Mukherjee nos invita a unos instantes de introspección sobre un arte que evoluciona a una ciencia cada vez mejor estructurada. Una ciencia vertiginosamente cambiante, que en esa búsqueda puede desviarse erróneamente hacia el camino de una ciencia exacta y fría, alejada de la compasión y de la intuición, lo que será para muchos el fin de la Medicina, al menos como la conocemos.

Caracas, 30 de septiembre de 2016

*Cirujano oncólogo, especialista en ginecología oncológica y mastología. Servicio de Ginecología Oncológica , Instituto de Oncología Luis Razetti y Clínica Santa Sofía., Caracas Venezuela.

Referencias:

  1. Mukherjee Siddhartha. The Laws of Medicine: Field Notes from an Uncertain Science. TED Books, Simon & Schuster, New York 2015.

 

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