Ejercicio y cáncer

Paula Cortiñas Sardi*

corredora

“No te quedes inmóvil

al borde del camino

no congeles el júbilo

no quieras con desgana

no te salves ahora

ni nunca”.

Mario Benedetti. No te salves. Seix Barral 2000.

English version: Exercise and Cancer

Desde la Grecia antigua se ha relacionado la actividad física con una vida saludable. Parece obvio que las personas que realizan actividad física son más sanas que las sedentarias, sin embargo, ¿existe una asociación entre la actividad física y la reducción en el riesgo de padecer cáncer? Trataremos de justificar esta asociación con la evidencia existente hasta la fecha.

La ocurrencia de  cáncer hereditario es baja, situándose aproximadamente alrededor del 10%, es por esa razón que muchos pacientes con cáncer, no tienen una historia familiar relacionada con su enfermedad sino que se presenta como un hecho aislado o esporádico. La mayoría de las neoplasias son producto de mutaciones adquiridas durante la vida, por lo que el estilo de vida tiene una influencia importante por la exposición a factores que favorecen estas mutaciones que pueden dar lugar a desregulación del ciclo celular y carcinogénesis del tejido involucrado. Pareciera que la actividad física es una de las conductas en el estilo de vida que pudiera tener más impacto sobre la reducción del riesgo de padecer cáncer. En los últimos años se han realizado varias investigaciones que buscan una asociación robusta entre la influencia de la actividad física y la reducción de riesgo de desarrollar una neoplasia maligna. No es fácil investigar las consecuencias de una conducta sobre el desarrollo de cáncer, debido a que la actividad física no tiene una medida objetiva estándar y el cáncer es una enfermedad multifactorial donde muchos elementos se complotan para generar la enfermedad. Por esta razón se ha sistematizado el estudio del estilo de vida utilizando diferentes escalas que pretenden evaluar la influencia de diferentes factores en la incidencia de distintos tipos de cáncer.

En una revisión sobre cáncer y actividad física realizada por JC Brown y colaboradores, se evaluaron diferentes estudios de cohorte y de casos-controles que encontraron una reducción del riesgo de cáncer de mama con el ejercicio en un 20% y 30%, respectivamente. Se evidenció también una reducción del riesgo de un 21% de cáncer colon; sin embargo, no se encontró una reducción específica del cáncer de recto con el ejercicio. Con respecto al cáncer de endometrio la reducción es  de 20%, así como 23-38% de reducción del cáncer de pulmón y 19-21%  del cáncer de ovario1.  El consenso es que el ejercicio disminuye de forma significativa el riesgo de cáncer de colon, mama y endometrio, siendo la asociación con otros tipos de cáncer más débil.

Un estudio realizado por TA Thompson y colaboradores2, evaluó la asociación entre mortalidad por cáncer y mortalidad general con los lineamientos para la prevención del cáncer propuestos por la American Cancer Society, que incluyen: control de peso, actividad física, consumo moderado de alcohol y dieta. Esta investigación incluyó 65.838 mujeres postmenopáusicas pertenecientes al estudio WHI (Women´s Health Initiative) evaluadas en el término de 12 años. Se observó que las pacientes que cumplían con los lineamientos tenían un riesgo 17% menor de padecer cualquier tipo de cáncer (HR: 0,83), 22% menor para cáncer de mama y 52% menor para cáncer colorrectal. Este grupo de pacientes también presentó una mortalidad 27% menor por todas las causas  y 20% menor de mortalidad por cáncer. Lo interesante de este estudio es que la actividad física “fue el comportamiento saludable más frecuentemente asociado a una menor mortalidad por todas las causas”. En base a estos hallazgos se puede considerar al ejercicio como la conducta relacionada con el estilo de vida más importante en la prevención de cáncer.

¿Cómo explicar la disminución del riesgo de cáncer con el ejercicio? Se han propuesto diferentes mecanismos1,5:

  1. Reducción de los niveles de estrógeno y testosterona, por aumento del metabolismo de estas hormonas y de la producción hepática de la hormona ligadora de hormona sexual (SHBG), lo cual disminuye la fracción libre de los esteroides sexuales. Este efecto tendría impacto principalmente en las neoplasias hormonodependientes como cáncer de mama y endometrio.
  2. El aumento de los niveles de insulina y de IGF-1 (Insuline-like Growth Factor 1) se ha relacionado con el crecimiento celular e inhibición de la apoptosis. Por el contrario el ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye los niveles de insulina y de IGF-1. Se ha estimado en los últimos años que la producción de miocinas por parte del tejido muscular aumentan la sensibilidad a la insulina, favoreciendo la lipólisis y generando un estado hipermetabólico3. La secreción de miocinas hace que actualmente el músculo sea considerado como un importante órgano endocrino.
  3. La inflamación promueve el crecimiento de células dañadas y promueve el desarrollo tumoral; marcadores de inflamación como IL-6, TNF-a y proteína C reactiva se han asociado con un aumento del riesgo del cáncer. El ejercicio reduce la producción de estas citocinas proinflamatorias, por lo que tendría un efecto anti-inflamatorio.
  4. Efectos sobre el sistema inmunólogico: durante el ejercicio hay un aumento transitorio de la población de células T, células Natural Killer y de neutrófilos, el ejercicio constante mantiene esta elevación, mejorando también el número y función de los macrófagos. Un sistema inmunológico competente permite eliminar las células alteradas cuya supervivencia supone un crecimiento celular alterado
  5. El ejercicio funciona como antioxidante porque mejora la remoción de radicales libres de oxígeno, disminuyendo el estrés oxidativo que favorece la carcinogénesis. La vasodilatación y el aumento de la frecuencia cardiaca que genera la actividad física, produce una irrigación tisular adecuada y remoción de los desechos producto del metabolismo celular de forma oportuna. El ejercicio, previene la acumulación de mutaciones del ADN que ocurre normalmente con el envejecimiento probablemente a través de la activación de sistemas de control mitocondriales, disminuye el daño oxidativo a nivel celular, previene el acortamiento de los telómeros, que son los encargados de garantizar una mitosis adecuada de las células, disminuye la hipometilación del ADN y estimula la expresión de genes reparadores de ADN como BRCA4.

Si bien el ejercicio impresiona ser la medida preventiva más importante, no es la única. Las recomendaciones de World Cancer Research Fund y American Institute of Cancer Research6 aconsejan, además de ejercitarse de forma regular, mantener un peso corporal adecuado, limitar el consumo de alimentos de alta densidad, comer preferiblemente alimentos de origen vegetal, limitar el consumo de alimentos de origen animal,  de alcohol y el consumo de sal. También recomiendan lograr los requerimientos nutricionales a través de la dieta, no con suplementos nutricionales, e insisten en la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad. El cumplimiento de estas recomendaciones se traduce en una disminución de la morbilidad y  mortalidad por todas las causas. El ejercicio no necesariamente debe ser intenso, el efecto saludable se produce con una actividad moderada como caminar. Es necesario incorporar más actividad física regular a la rutina diaria como subir escaleras, bailar o correr y hacer actividades andando o utilizar más la bicicleta como medio de transporte. El mejor ejercicio definitivamente es aquel que nos entusiasma porque nos invita a disfrutarlo frecuentemente.

En definitiva, dentro de las medidas preventivas para evitar la incidencia creciente del cáncer, entre otras enfermedades asociadas al desarrollo y al estilo de vida citadino, está principalmente la realización de actividad física de manera regular, por las ventajas que tiene para la reducción del riesgo de desarrollar cáncer y por muchas otras ventajas relacionadas con beneficios cardiovasculares, neurológicos y mentales que nos brindarán más y mejores años de vida.

*Especialista en Ginecología. MSc en Biología de la Reproducción. Instituto de Oncología Luis Razetti, Salud Chacao y Clínica Santa Sofía. Caracas, Venezuela.

  1. Brown JC et al. Cancer, physical activity and exercise. Compr Physiol 2012;2(4):2775
  2. Thompson C et al. Nutrition and physical activity cancer prevention guidelines, cancer risk, and mortality in the Women´s Health Initiative. Cancer Prev Res 2014;7(1):42.
  3. Rowe GC et al. Running forward: New frontiers in endurance exercise biology. Circulation 2014;129:798.
  4. Harvie M et al. Can diet and lifestyle prevent breast cancer? 2015 ASCO Educational Book e66.
  5. Kruk J, Aboul-Enein HY. Physical activity in the prevention of cancer. Asian Pac cancer Prev 2006;7:11.
  6. Castelló A et al. Lower cancer risk among women following the World Cancer Research Fund and American Institute for Cancer Research recommendations: EpiGEICAM case control study. PLOS ONE 10(5):e0126096
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