Diez mil horas para un alto desempeño

Jorge Sánchez Lander*

“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”

Carl Gustav Jung

English version: Ten thousand hours for high performance

escalada1

El éxito es talento más preparación. De esta forma Malcolm Gladwell, quien se define como escritor, periodista, crítico y agitador cultural, inicia su interesante planteamiento sobre cómo desarrollar la destreza de un maestro en cualquier campo. En su libro Fueras de serie, publicado en 2008 este prestigioso conferencista británico vuelve a insistir sobre el tema de la práctica como elemento clave en el logro de los objetivos de aprendizaje 1. Si bien reconoce, como es casi el consenso general, que el talento innato existe y es determinante, considera que la cultura occidental ha sobreestimado su importancia en detrimento de la práctica disciplinada y perseverante. Citando el estudio de K. Anders Ericcson, en los años noventa, realizado con violinistas de la Academia de Música de Berlín concluyó que los intérpretes que habían sumado, a la edad de veinte años, un total de diez mil horas de práctica se habían convertido en violinistas de alto desempeño. Por otra parte aquellos estudiantes que habían logrado de manera promedio su preparación, oscilaban entre cuatro mil y ocho mil horas. Este análisis se repitió entre estudiantes de piano y el resultado: diez mil horas de práctica era el tiempo que diferenciaba un verdadero virtuoso de un intérprete promedio. Diez mil horas, para los estudios antes citados, fueron logradas en diez años, a razón de unas veinte horas semanales de ensayo.

Atul Gawande en su libro Complication: a young surgeon’s notes on an imperfect science 2, nos relata cómo la Clínica Shouldice en Toronto, Canadá, a principios de los años noventa, fue el mejor ejemplo de alto rendimiento en una unidad de cirugía, basado en la práctica, estandarización y en la realización de forma repetida de un procedimiento. Este grupo de trabajo, dedicado a la atención de los defectos herniarios de la pared abdominal alcanzó unas tasas de recurrencias tan bajas, con su técnica, que fueron objeto de muchos estudios. Tradicionalmente las tasas de recidiva en la reparación de defectos herniarios llegaba a 15% y los cirujanos de la Clínica Shouldice solo reportaban una tasa de recidiva de apenas 1%, cifra aún baja si la comparamos con el 2,5% de fracaso con la actual utilización de mallas de polipropileno. Como sostiene Gawande, para ese momento, no había un mejor lugar en el mundo para reparar una hernia que la Clínica Shouldice. ¿El secreto? : cada cirujano realizaba entre 600 y 800 hernioplastias en un año, quizás el doble de la cifra que logra un cirujano en toda una vida de ejercicio. En cuestión de cinco a siete años cada médico de esta clínica lograba sus diez mil horas. Pero, hay dos aspectos que hay que resaltar, era el único procedimiento que realizaban y más de la mitad no eran cirujanos, sino especialistas en otras áreas como obstetricia , gastroenterología, etc. Si bien la Hernia Factory, como era denominada la Clínica Shouldice, es un caso totalmente atípico, es una muestra más de la importancia de la práctica de forma sostenida.

Si tomamos este modelo como válido, por ejemplo la formación de subespecialistas en ginecología oncológica en el Instituto de Oncología Luis Razetti de Caracas requiere de un programa de postgrado en cirugía general y de cirugía oncológica con una duración de tres años cada uno, más el curso de subespecialización de dos años de duración. Es decir, ocho años de entrenamiento, que sumado a los seis años en la Escuela de Medicina, totalizarán 14 años de estudio, algo discretamente mayor al tiempo requerido para formar a un gran concertista de piano. Aun con ese extenso tiempo de entrenamiento, solo tras dos años más de ejercicio en su especialidad habrán cumplido las diez mil horas de práctica. La formación de especialistas en el campo quirúrgico es uno de los desafíos más importantes en el mundo de la medicina. El nivel de perfección y excelencia que se requiere es indudablemente alto. Para este objetivo se necesita no solo la formación en áreas del conocimiento teórico, ejercicio clínico y de investigación, sino en el logro y en el mantenimiento de las destrezas quirúrgicas. Para que un programa de formación de especialistas quirúrgicos logre un nivel de excelencia debe no solo cumplir con los acostumbrados largos períodos de actividad quirúrgica electiva y de emergencia, sino también debe promoverse un programa de cirugía experimental. Alcanzar destrezas gracias a la práctica sobre modelos animales, inanimados o bien virtuales, es cada vez más necesario. Cada departamento de cirugía de nuestros hospitales deberían contar con un laboratorio de cirugía experimental que cumpla esas funciones. La utilización de dispositivos por ejemplo de laparoscopia en desuso en modelos de simulación es una de las alternativas más difundidas. Hoy en día el desarrollo de la coordinación óculo-manual o mano-ojo, una de las actividades psicomotrices más complejas de la cirugía laparoscopia, es posible mediante el uso de un relativamente sencillo sistema de vídeo en una caja de acrílico o bien mediante vídeo-juegos. Lograr que los (as) cirujanos (as) en formación cumplan al menos 10 horas de simulación semanal durante su entrenamiento podrían ser suficientes para desarrollar destrezas en suturas intracorpóreas, simulación de anastomosis, disección, etc.

Como parte de mi formación como cirujano, recuerdo nuestro bien dotado, para finales de los años ochenta, Instituto de Cirugía Experimental de la UCV, el moderno Laboratorio de Cirugía Experimental del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia, España y, en un entrenamiento reciente, el del Centro Oncológico Fiorentino en Italia, uno de los más avanzados de Europa en cuanto a histeroscopia. Todos ellos con una magnífica infraestructura, misión y dotación.

Pero es digno de mencionar el modesto laboratorio quirúrgico del Servicio de Cirugía 3 del Hospital Universitario de Caracas, instalado por los Drs. Alexis Sánchez, Renata Sánchez, Omaira Rodríguez y sus residentes de cirugía general. Cuando lo visité, hace poco menos de dos años, el mismo funcionaba en un pequeño espacio, con un sistema de vídeo con una cámara muy económica y lo más interesante con instrumentos laparoscópicos desincorporados, tubos de goma, esponjas, suturas de desecho, etc. Un verdadero ejemplo de perseverancia y maravillosa inventiva en medio de uno de los períodos más grises de la medicina venezolana. La búsqueda de la excelencia es una actitud y requiere no solo de que nuestros (as) alumnos (as) logren, además de su programa teórico asistencial, esas diez mil horas de práctica, necesitamos además reformular los sistemas de enseñanza en cirugía mediante una visión clara, amplia y con mucha creatividad.

*Servicio de Ginecología Oncológica, Instituto de Oncología Luis Razetti y Clínica Santa Sofía, Caracas, Venezuela.

Referencias:

1) Gladwell Malcolm. Fueras de Serie. Edit Taurus, Bogotá, 2009.

2) Gawande Atul. Complications: a young surgeon’s notes on an imperfect science. Edit. Picador, New York, 2002.

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  1. #1 por Romano Masi el 10 de noviembre de 2014 - 11:28 AM

    Buen día a todo afortunado lector de tal distintivo articulo, por demás, un abrigo de alabanza al instinto de superación que lleva todo cirujano consigo, y que no es mas que sinónimo de constancia y perseverancia. Inclusive, le agregaría “elegancia” , que es la parte ARTE que necesita nuestra CIENCIA, llamada MEDICINA .

    • #2 por intervalolibre el 10 de noviembre de 2014 - 12:57 PM

      De acuerdo contigo apreciado Romano, recibe un afectuoso saludo. Jorge Sánchez-Lander

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